20 de octubre de 2007

EL PURGATORIO DE ARIANT (LEYENDA BALEAR)



Ariant es un pueblo de Mallorca que se encuentra en la cordillera septentrional, se rompe a partir del Puig Tomir y desciende hasta el valle de Pollensa.

Era allí donde tenía su palacio la princesa Gulnara. Su fama se extendía a lejanos lugares, de los que llegaban poderosos y ricos, atraídos por los encantos de la mujer que sabía amar como ninguna y que, como ninguna, cobraba un elevado precio por su amor.

Los que no llegaron a gozarla, relataban a su regreso la fastuosidad de sus fiestas, la belleza de la princesa. Solo uno de los invitados llegaba a poseerla, pero satisfecho ya el deseo de la princesa, era convertido por esta en estatua de piedra ante las sonrisas de sus cortesanas.

Omar, un contrahecho enano, ridículo bufón palaciego, reía también. Pero sus carcajadas eran el único escape de unos inconfesables sentimientos. Deseaba a su ama como a nadie en el mundo y en su pequeño y malformado cuerpo se acumulaba una incontenible lascivia.

Una noche, enloquecido de celos por los continuos desprecios de la princesa, cuando el palacio de Ariant vivía una de aquellas acostumbradas orgías, Omar llevó a cabo su venganza. Pronto, las suntuosas estancias y los frondosos jardines ardían por los cuatro costados, esparciendo el horror y la muerte. Los suspiros entrecortados de los que se amaban hacía tan solo un momento, se transformaron en gritos que ahogaba el estrépito de los muros al desplomarse envueltos en enormes llamaradas.

Solo el incendiario enano parecía invulnerable corriendo como un loco, buscando a Gulnara en medio de aquel infierno y separando las llamas a golpes. Por un momento se cruzaron sus miradas y al advertir el bufón todo el odio contenido en los ojos de la mujer, gritando como un poseso, corto de un tajo su cabeza y huyó, asiendo por la cabellera el macabro trofeo.

Omar corría y corría, apretando contra su pecho deforme la cabeza de Gulnara. A lo lejos el palacio, convertido en una inmensa antorcha. Una vez más miró trastornado aquellos ojos del color de las esmeraldas. De la hermosa cabellera, sólo unos chamuscados mechones se mantenían aún; los entreabiertos labios, parecían escupirle una maldición inacabable. Omar aplastó contra la suya la entreabierta boca de Gulnara... y prosiguió su alocada huida.

Solo el barranco profundo, oscuro y con el mar de fondo, permitió devolver a la noche su paz, al caer, rodando por él, Omar y la cabeza de Gulnara. Las llamas del incendiado palacio no brillaban ya. En un momento, como tocadas por la mano de un genio, fueron convertidas en atormentadas formas pétreas que se elevaban hacia el cielo.

Y así erosionados por el viento y por el agua, a través de los siglos, se conservan hoy todavía en un recóndito lugar de la serranía mallorquina que los ancianos de la comarca conocen con el nombre de Purgatori d'Ariant (purgatorio de Ariant).